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TRANSVERSALIZAR.....EL LENGUAJE.

Desde este punto de vista, un proyecto, basado en el desarrollo de competencias y de estándares de calidad, necesariamente tiene que apuntar en dos direcciones:

 

a. La transversalización, ya que según Lucy Mejía: “El lenguaje como contenido transversal en la totalidad de las áreas académicas se justifica como componente esencial para el desarrollo de las habilidades de los alumnos y de las alumnas, que a la vez, adquiere una especial significación en contexto de los contenidos y de los objetivos a desarrollar en todas y cada una de las asignaturas académicas”.

 

En este valor significativo del lenguaje, respecto a la totalidad de las áreas del conocimiento se ponen en juego y se hacen imprescindibles los procesos de comunicación oral y escrita desde dos perspectivas complementarias:

 

_ Aportan contenidos necesarios para el desarrollo comunicativo, informativo, científico.

_ Facilitan el proceso de aprendizaje de los contenidos de otras áreas.

 

Por una parte, Matemáticas, Ciencias, Tecnología, Educación Física, Educación Estética aportan contenidos necesarios para el desarrollo comunicativo y el desarrollo de habilidades   competentes; estos procesos enriquecen o potencian las capacidades de expresión y compresión, (Pág. 90).

Favorecer la integración de contenidos provenientes de diversas disciplinas ligándolas al contexto que propone la realidad; estas son tareas que requerirán poner en práctica la evaluación continua con diversas formas de intervención, esto implica la inclusión de los contenidos transversales en espacios particulares asignados a núcleos temáticos en los que  docentes de diversas áreas  desarrollen proyectos o subproyectos asociados.

Las dificultades, debilidades al interior de la escuela han de ser abordadas con una visión integradora, articulada con los proyectos sociales significativos desde todas las áreas.

El tratamiento transversal de contenidos, plantea exigencias basadas en la coherencia y la significación social de los contenidos de enseñanza.  Coherencia no solo entre los diversos saberes impartidos si no, también entre los que piensa, lo que dice, y lo que hace en la escuela, el maestro y el alumno.  La significación no solo, para preparar a los niños y a los jóvenes para su inserción en la vida adulta, si no para que la escuela misma sea un agente de transformación social en función de los valores que dice sostener y les prepare para su futuro desempeño laboral y productivo.

La transversalidad puede ser una oportunidad para resaltar de forma efectiva la función esencial de la escuela: enseñar a expresarse, saber pensar, saber convivir, conservar un ambiente sano que hoy son requisitos indispensables, y saber – hacer en su contexto.

Según definición de la UNESCO[1] (en Cassany 1994) es analfabeta funcional la persona que no puede comprender aquellas actividades en las cuales la alfabetización es necesaria para la actuación eficaz en su grupo y comunidad.

Mejía (2003), la alfabetización funcional consiste en disponer de la facultad para la comunicación, para hacer las operaciones matemáticas, para resolver problemas, para relacionarse con otras personas, en la administración y la justicia, la salud, la economía del consumidor, la seguridad, el conocimiento, la ocupación y el aprovechamiento de los recursos de la humanidad.

El proyecto central de la escuela básica en materia de lenguaje es la incorporación del alumno en la cultura escrita, porque así se extiende la potencialidad del lenguaje casi ilimitada, da una nueva estructura al pensamiento, y en el proceso convierte ciertos dialectos que solo se hablan en “grafolectos”, porque las ideas que impulsan a la humanidad son más trascendentales cuando se escriben: “Verba volant, scripta manent”.

La escritura obliga a pensar explícitamente en las articulaciones, el orden, las jerarquías, los conectores, los textos así surge la inteligencia simultánea (opera sustentada en la imagen que justamente se caracteriza por la aparición conjunta de todos sus datos), la inteligencia secuencial (condición lineal de las lenguas), se sustenta en el lenguaje escrito, por lo cual se desarrollan privilegiadamente estructuras cognitivas relativas al tiempo y al orden.  Esta última extiende la memoria histórica, organiza el pensamiento: “no basta dotar al alumno de instrumentos de base que le permita escribir palabras y frases, hay que alfabetizar en el sentido de brindar al alumno las claves de contenidos, estilos y formas de desarrollo discursivo que le permitan permanecer dentro de la cultura escrita”.

 

Mejía dice que: “Transversal” es aquel contenido que “atraviesa” todo proceso de enseñanza y aprendizaje.

Los contenidos transversales son aquellos que le guste o le disguste al profesor debe utilizarlos, transmitirlos y darlos con la expresión, la comunicación, el pensamiento, los valores, pues donde hay enseñanza y aprendizaje hay lengua.

Esto quiere decir que la enseñanza de los contenidos no es responsabilidad exclusiva de un docente si no que exige acuerdos y prácticas que involucran todos los miembros de una institución.  Por ejemplo, el aprendizaje de los valores, de la convivencia exige que la institución manifieste su adhesión a ellos mediante su observancia y praxis en cada uno de los aspectos de la vida institucional.  Es inútil y, aun más, podría ser contraproducente desde el punto de vista didáctico dedicar clases a un valor, como por ejemplo, el respeto a una persona, cuando simultáneamente se convive en un clima institucional en el que se promueven actitudes contrarias.

En el uso social, en los temas de demanda social, la escuela tiene que abrirse a la comunidad, debe posicionarse frente a ella.  Es improcedente planear la educación ambiental, la educación para la salud o la educación sexual, la educación académica sin un compromiso de la escuela tanto en atender aquellas cuestiones sociales más urgentes referidas a estos temas como en preparar para el autoemprendimiento y autogestión empresarial dando articulación con sus perspectivas, sus lenguajes, sus valores y el tratamiento de los conflictos, por medio de las macro-habilidades (escuchar, hablar, leer, escribir).

 

Además deben tenerse dos aspectos igual de importantes:

  • a. El maestro: tal como lo plantea el grupo pedagógico guiado por el profesor Federicci y Antanas Mockus en su texto: Las fronteras de la escuela y por el profesor de la Universidad del Valle Mario Díaz, en el discurso del maestro se sustenta el saber social que la escuela y la misma sociedad le han conferido desde su saber específico y pedagógico. El primero en tanto da cuenta del estatus epistémico, en este caso de la literatura y de la lengua; es decir, de la literariedad y del lenguaje; el segundo, porque puede dar cuenta del estado de la pedagogía, de los distintos enfoques y modelos pedagógicos. En suma, lo que se quiere plantear, es que es necesario la presencia de un maestro o de un grupo de maestros que tengan un su haber un saber y un hacer del área específica que trabajan en el aula de clase; es  decir, un maestro que conozca el área de Castellano y Literatura en todas sus dimensiones; un maestro competente inicialmente en las cuatro habilidades básicas[2], planteadas en los desarrollos curriculares prevalecientes, como ya se dijo, en la década del ochenta y parte del noventa; pero también  en la competencia crítica, argumentativa, propositiva, entre otras.
  • El estudiante: así como se propone un maestro que sepa lo que imparte en el aula; se requiere de un estudiante capaz de construir su propio conocimiento a través del deseo; pero no del deseo de un tercero, sino de su Deseo, encarnado en las ganas de conocer y de experimentar a través de las obras literarias, científicas, filosóficas, ensayísticas, entre otras sugeridas por el maestro. Un estudiante capaz de asumir el reto de la lectura como un proceso que necesita ser activado desde el cerebro y con toda su potencialidad para poder acceder al entendimiento y a la comprensión textual[3], sobre todo que asuma la lectura como relectura, en tanto es en ésta en que se puede llegar a lograr altos niveles de comprensión. De igual forma, se pretende la presencia de un estudiante escritor, desde su nivel cognoscitivo, capaz de darle sentido a este proceso a través de la reescritura, la construcción sistemática de párrafos, textos coherentes y cohesivos, adecuados, que no le tema al papel en blanco y mucho menos a la realización de borradores antes de la edición final.

 

Si se tiene en cuenta a estos dos agentes de la intercomunicación escolar[4] más el contexto y la situación específica en la que se llevan a cabo las labores y la comunicación, se está dando la posibilidad de entender el acto educativo como un evento de construcción de significados académicos que de alguna manera pueden revertir en la transformación, inicialmente de los sujetos y luego de la sociedad. De aquí se desprende, de acuerdo con Cuervo y otros (1994) que la meta última de la educación, es la de transformar todo el conjunto social de los individuos. Esta es la misión de la escuela como espacio de socialización y aprendizaje.


[1] Pág.83-91,.modulo N.2 .

[2] Estas cuatro habilidades básicas que se pretendían fueran desarrolladas por los estudiantes, son: leer, escribir, hablar, escuchar.

[3] Smith, Frank. Para darle sentido a la lectura. Barcelona.

[4] Es de anotar que a parte de esos dos agentes comunicados y mediatizados por y con el texto (referente extraverbal) se encuentran otros agentes como los padres de familia y la parte administrativa que podría ayudar en esta tarea educativa y no obstruirla como en muchas ocasiones ha ocurrido. Los padres de familia podrían ayudar notablemente para que sus hijos fueran cada día mejores tanto en lo académico como en lo personal, pues lo uno lleva a lo otro, en tanto se esté impartiendo una educación integral y no memorística; integran en el sentido de implementar las competencias crítica, argumentativa y propositiva.

 

TRANSCRITO POR DANIEL TOBON GOMEZ 7-4